Hoy vi a mi papá. Como las últimas 10 ó 15 veces, la sensación de estar cerca de él fue muy rara, incómoda. Hace algunos meses que ni siquiera podemos saludarnos bien, siempre alguno de los dos se hace para atrás cuando nos vamos a dar un beso en el cachete.
Es obvio que esto no comenzó hace meses, es algo que ha venido arrastrándose desde siempre. La diferencia está en que antes podíamos sobrellevar las cosas, nunca llegando a un acuerdo, pero sí tolerándonos, parece poco, pero eso era suficiente para vernos con gusto y reír un buen rato. A raíz de la última discusión con él, la relación ha cambiando mucho.
Él es sumamente hiriente, agresivo con las palabras como pocos, pero lo que más me aleja de él es su incapacidad para hacerse responsable de sus ataques, de ésos que comenzaron aún antes de que yo naciera, hacia mi familia, y en especial hacia mi hermano -larga historia que inició hace 36 años con unos fórceps mal utilizados.
La última discusión se debió a que una vez más intentó enjaretarnos a mi hermana y a mí el rechazo que mi hermano ha sentido toda su vida,y que proviene principalmente de mi padre.
Éste ha sido uno de los punto más dolorosos de mi vida, doloroso y confuso al mismo tiempo, pues los roles en mi familia son muy extraños, obviamente mi hermano mayor es todo menos el hermano mayor, la mayor es mi hermana que en realidad es la segunda, y yo no sé ni qué lugar ocupo. Ése es el menor de mis problemas, pero en mi familia parece haber un enorme rencor hacia nosotras por no darle a mi hermano "su lugar". ¿De qué lugar hablan? No lo sé. Yo le he dado amor, apoyo, risas, chiqueos y cariños, con sus debidas dosis de enojos, pleitos y malos ratos, como en toda relación humana. Nada parece suficiente. Lo que ellos quieren es que yo admire a mi hermano por algo que no es, que le dé un lugar que no sé dónde está, que lo trate de una forma que no conozco, que sea con él alguien que yo no soy.
Lo peor es que mi hermano se intenta ubicar ahí también, en ese lugar del que tanto fantasea mi padre, y es entonces que los puentes se derrumban y hay que empezar desde cero, convenciéndolo una y otra vez de que así como es, y ahí donde está, lo quiero.
